LA FAJA QUE ME ARRUINÓ LA VIDA

LA FAJA QUE ME ARRUINÓ LA VIDA

Descubre la impactante historia de una seguidora que comparte cómo el uso de una faja moldeadora le arruino la vida.

La Faja que me Arruinó la Vida

Hola, soy Ana, y como a muchas chicas, las redes sociales me metieron en la cabeza la idea de tener una cintura de avispa. Entre la presión social y las fotos retocadas, decidí aventurarme con una faja moldeadoras de las que todo el mundo hablaba para conseguir la figura soñada.

Así que, ¿dónde más buscar que en Instagram? Encontré a una chica que juraba por unas fajas “cómodas, transpirables y mágicas” que prometían el cuerpo de tus sueños. ¡Y claro, la compré enseguida!

La primera vez que me ajusté la faja, sentí que me transformaba en una diosa de la cintura. De inmediato me sentí super sexy. La faja me dio la ilusión de una cintura más estrecha y una figura más esbelta.

Mi primera faja fue talla M. Dentro de los tips para usarla, decían que debía traerla puesta un par de horas hasta llegar a las 8 horas diarias. La verdad eso me duró una semana porque después la usaba todo el tiempo que podía.

Cada vez que la ajustaba, sentía que me acercaba más al estándar de belleza que las redes sociales promovían sin cesar. Al mes compre una faja talla S. ¿Obsesión? Puede ser, pero yo estaba feliz con mi creciente colección. ¡Realmente podía sentir como mi figura se estilizaba!

No obstante, pronto comencé a experimentar pequeños efectos secundarios de mi obsesión por alcanzar esa talla de faja más pequeña.

Lo que Pasó

Mis primeros problemas surgieron con la dificultad para respirar. En mi horario de trabajo, sentada, cada inhalación se volvía un desafío, como si mi cuerpo luchara contra la compresión constante. También sentía malestares en mi abdomen, especialmente después de comer. Pero, ¿adivina qué? eso me ayudaba a comer menos, y yo encantada con mi faja.

Después de un tiempo, mis piernas se volvían adormecidas con facilidad, y experimentaba un constante hormigueo en mis extremidades inferiores. La faja, que inicialmente me hacía sentir segura, se convirtió en una fuente de malestar constante.

Yo hablaba constantemente con la vendedora y me aseguraba que era cuestión de irse acostumbrando. Que si ella podía tener esa cintura tan pequeña yo también. Así que seguí su consejo y seguí.

La usaba todo el tiempo. Los únicos momentos en los que no la usaba eran al bañarme y mientras hacía mi cardio, en ese caso, intercambiaba mi faja regular y la cambiaba por otra faja plástica para quemar más calorías

En el tercer mes, la chica a la que le compraba las fajas me motivó a comprar una talla XS. ¡Era extremadamente difícil de poner! Tenía que estar acostada y poner todas mis fuerzas para colocármela. Tenía una faja especial para el ejercicio, para que la colección fuera completa: M, S, dos talla XS y la faja plástica de cardio.

Con el paso de las semanas, la incomodidad se transformó en dolor. La presión constante sobre mi abdomen causó molestias persistentes, y empecé a notar que el simple acto de comer se volvía incómodo.

La faja ejercía una presión adicional sobre mi sistema digestivo, provocando problemas estomacales, tenía gases todo el tiempo y una sensación constante de malestar. Y como dicen, cuando no entiendes el mensaje, la vida da sorpresas…

Las Consecuencias

Un día, choqué mi carro. Bueno, como dicen, no choqué, me chocaron. Nada grave, solo una abolladura en la puerta. Después de horas en trámites, volví a casa tranquila pero ¡oh! ¡sorpresa!, comencé a sentir un dolor infernal en el costado. Totalmente insoportable. Tuve que ir a urgencias donde me tomaron una radiografía y me dieron el diagnóstico: Una costilla rota. ¡No lo podía creer!

El doctor soltó la verdad: la faja, apretada como estaba, hizo que mi costilla cediera con el golpe.  Me explicó que la compresión constante de la faja había debilitado mis costillas, y el impacto del accidente fue suficiente para causar la fractura.

También, me advirtió sobre los riesgos de llevar prendas de compresión excesiva. Me explicó que las fajas no queman grasa, simplemente re acomodan los órganos y me recomendó un enfoque más equilibrado para cuidar mi salud.

Tardé dos meses y medio para que mi costilla sanara y claro, dejé de usar las fajas. Como era de esperarse, el peso que había perdido volvió. Pero entendí que mi salud es lo importante. Le conté todo a la vendedora de Instagram y, claro, me bloqueó al instante.

La Faja que me Arruinó la Vida : Mi Final

Ahora, estoy con una nutrióloga, he bajado de peso de forma saludable y aprendí que la belleza está en sentirse bien con uno mismo. Ni las fajas ni los estándares de belleza valen más que nuestra felicidad y bienestar.

No estoy diciendo que las fajas son del diablo, se que son útiles para el cuidado post parto así como cuando hay lesiones en la espalda, pero definitivamente no recomiendo usar una faja para tener más cintura. Hay que hacer ejercicio, comer saludable y aceptar la genética que tenemos. La vida es demasiado corta para estar apretándose con fajas y persiguiendo estándares irreales. ¡A cuidarnos y aceptarnos tal como somos!

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