¿POR QUÉ ME SIENTO INFLAMADA? 9 CAUSAS QUE TAL VEZ NO HABÍAS CONSIDERADO
¿Por qué me siento inflamada? Descubre las causas más comunes de la inflamación abdominal y qué hábitos pueden ayudarte.
¿Por qué me siento inflamada?
Si últimamente sientes que tu abdomen parece un globo al final del día, quiero decirte algo: no siempre es la comida la culpable.
Muchas veces pensamos que estamos subiendo de peso, cuando en realidad lo que tenemos es inflamación abdominal. Y créeme, puede deberse a hábitos que repetimos todos los días sin darnos cuenta.
Estas son algunas de las causas más comunes.
¿Por qué me siento inflamada? 1. Tu intestino está trabajando demasiado lento
Voy a decir algo que muchas personas no quieren escuchar: no es normal pasar varios días sin evacuar.
Si llevas tiempo estreñida, es posible que parte de esa sensación de pesadez sea simplemente acumulación de heces.
El sedentarismo, consumir poca fibra o llevar una alimentación rica en harinas refinadas pueden hacer que el intestino se vuelva más lento.
De igual forma, una buena hidratación ayuda a que la fibra haga su trabajo, favorece el tránsito intestinal y puede prevenir el estreñimiento, una de las causas más frecuentes de la inflamación abdominal.
Moverte todos los días, hidratarte y aumentar la fibra de manera gradual suele marcar una gran diferencia.
¿Por qué me siento inflamada? 2. También puedes estar comiendo demasiada fibra
Sí, la fibra es maravillosa… hasta que deja de serlo.
A veces nos emocionamos con el jugo verde, los smoothies y las ensaladas gigantes porque pensamos que «más es mejor». Pero el intestino no siempre opina lo mismo.
Si aumentas la fibra muy rápido o consumes grandes cantidades de verduras crudas, es posible que aparezcan gases e inflamación.
En mi caso, por ejemplo, el brócoli, la lechuga o demasiada espinaca cruda no me sientan bien. Prefiero las verduras cocidas porque las digiero mucho mejor.
La clave está en conocer tu cuerpo.
3. El café podría ser el responsable
Lo confieso: amo el café.
Pero también tuve que aceptar que mi intestino ya no lo ama tanto.
Con el paso de los años algunas personas se vuelven más sensibles a la cafeína. Si notas que media hora después de tu café aparece inflamación, acidez o molestias, vale la pena hacer una prueba.
Puedes reducir la cantidad, elegir un café más suave o descansar unos días y observar cómo responde tu cuerpo.
Mientras tanto, una taza de manzanilla o de menta puede convertirse en tu mejor aliada.
4. Tal vez el problema sea la leche
Con la edad, muchas personas producen menos lactasa, la enzima que ayuda a digerir la lactosa presente en la leche y los quesos.
Cuando esto sucede, pueden aparecer gases, inflamación o diarrea después de consumir leche, helados o algunos quesos.
Si sospechas que algún alimento te cae mal, intenta retirarlo durante dos o tres semanas y observa si tus síntomas mejoran. Después, vuelve a introducirlo si es posible y, de ser necesario, consulta con un profesional de la salud para confirmar si existe una intolerancia.
¿Por qué me siento inflamada? 5. No todo lo que está de moda funciona para todos
Kéfir, kombucha, jocoque, vinagre de manzana, jugos verdes, alimentos fermentados…
Todos tienen beneficios potenciales, pero eso no significa que sean adecuados para todas las personas.
Nuestro sistema digestivo es tan único como nuestras huellas digitales. Lo que a alguien le hace sentir increíble, a otra persona puede provocarle gases o molestias.
Escucha a tu cuerpo antes que a las redes sociales. Y si quieres incorporar alguno de estos alimentos a tu alimentación, hazlo uno a la vez. Así será mucho más fácil identificar cómo reacciona tu organismo y saber si realmente te hacen bien.
6. El ayuno también puede influir
El ayuno intermitente puede ser una herramienta útil para algunas personas, pero no necesariamente para todas.
En algunas mujeres, especialmente si el ayuno es muy prolongado, puede favorecer molestias digestivas o resultar difícil de sostener debido a factores hormonales y a las necesidades individuales.
Por eso, antes de hacer ayunos de 16 o más horas, vale la pena buscar orientación profesional y encontrar un esquema que realmente funcione para ti.
7. No vivas a base de antiácidos
Si necesitas omeprazol o antiácidos con frecuencia para sentirte bien, es momento de preguntarte qué está pasando.
La inflamación constante no debería normalizarse. En lugar de solo aliviar el síntoma, busca la causa. Un médico o un nutriólogo pueden ayudarte a identificar qué alimentos, hábitos o condiciones están afectando tu digestión. Además, vale la pena revisar si realmente necesitas tomar estos medicamentos por tiempo prolongado.
En el libro «Es la microbiota, idiota« la médica e investigadora Sari Arponen explica que el uso prolongado e innecesario de inhibidores de la bomba de protones, como el omeprazol, puede alterar el equilibrio de la microbiota intestinal. Aunque son medicamentos muy útiles cuando están correctamente indicados, utilizarlos durante meses o años sin supervisión médica podría favorecer cambios en las bacterias del intestino e incluso aumentar el riesgo de problemas digestivos, como el sobrecrecimiento bacteriano del intestino delgado (SIBO). Por eso, más que depender de un antiácido, lo ideal es encontrar la causa de la inflamación y tratarla de raíz.
8.El estrés también se refleja en tu intestino
Hay algo que muchas veces pasamos por alto: el estrés también se digiere. Cuando vivimos con niveles elevados de cortisol durante mucho tiempo, nuestro sistema digestivo puede resentirlo. Algunas personas presentan digestiones más lentas, cambios en la microbiota, mayor sensibilidad intestinal o sensación de inflamación, incluso sin haber cambiado su alimentación. Si además duermes poco, vives con prisas o sientes ansiedad con frecuencia, quizá no todo se resuelva cambiando lo que comes. También vale la pena cuidar tu descanso, aprender a manejar el estrés y, si los síntomas persisten, consultar con un profesional de la salud para descartar otras causas.
9.¿Los suplementos también pueden inflamarte?
Si eres de las que va al gimnasio, seguramente tienes creatina, proteína, colágeno y quién sabe cuántos suplementos más en la alacena. Yo también he pasado por esa etapa de querer probarlo todo.
Pero recuerda algo: más no siempre es mejor.
Por ejemplo, la proteína de suero de leche (whey) puede causar inflamación, gases o malestar digestivo en algunas personas, especialmente si tienen intolerancia a la lactosa o sensibilidad a los lácteos. Por otro lado, la creatina es un suplemento seguro para la mayoría de las personas, pero en algunos casos puede provocar molestias estomacales, sobre todo cuando se consume en cantidades elevadas o sin una buena hidratación.
Si estás pasando por un periodo de inflamación importante, quizá valga la pena hacer una pausa con los suplementos durante un par de semanas y observar cómo responde tu cuerpo. Después, puedes reintroducirlos uno por uno para identificar si alguno está contribuyendo a tus molestias.
Al final, no olvides que los suplementos son justamente eso: un complemento. La base de una buena salud digestiva y de un buen rendimiento sigue siendo una alimentación equilibrada, variada y suficiente. Los suplementos pueden ayudar, pero nunca sustituyen una dieta bien planificada.
¿POR QUÉ ME SIENTO INFLAMADA? 9 CAUSAS QUE TAL VEZ NO HABÍAS CONSIDERADO: RESUMEN
Si te preguntas por qué me siento inflamada, la respuesta probablemente no sea una sola. Un intestino lento, el exceso de fibra, el café, la intolerancia a la lactosa, algunos suplementos, ciertos alimentos que no toleras bien, el estrés o incluso algunos hábitos de moda pueden contribuir a esa sensación de pesadez e inflamación.
La buena noticia es que muchas veces pequeños cambios hacen una gran diferencia. Mantente bien hidratada, procura evacuar con regularidad, incorpora la fibra de forma gradual, escucha cómo reacciona tu cuerpo a ciertos alimentos y evita saturarte de suplementos si notas que tu digestión no está bien. Recuerda que los suplementos son un apoyo, pero la base de una buena salud siempre será una alimentación equilibrada.
También vale la pena cuidar tu microbiota, dormir lo suficiente y aprender a manejar el estrés, ya que el intestino y el cerebro están mucho más conectados de lo que imaginamos. Y, si la inflamación es constante o afecta tu calidad de vida, no la normalices ni dependas de antiácidos para sentirte mejor. Lo más importante es encontrar la causa de fondo con la ayuda de un médico o un nutriólogo y recibir un tratamiento personalizado.
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Jessica Barrera Melo es docente con maestría en Educación y cofundadora de RevistaVidaFitness. Se especializa en salud integral, combinando su formación en danza y pasión por el fitness.
